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Qué hacer después de los 45: una reflexión entre ciclos de vida y ciclos de lavado

  • hace 5 días
  • 3 min de lectura
Vida, salud, bienestar
Taza de cafe

Qué hacer después de los 45:



Según Albert Einstein, el tiempo es relativo. Y sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos se nos va un año, cinco o veinte. El pasado, el presente y el futuro conviven como si fueran uno solo. Pienso en esa teoría mientras me duelen las rodillas: el tiempo del cuerpo es limitado, pero el del alma parece eterno, por eso creemos que siempre habrá un mañana para disfrutar la vida.


Pero el tiempo también se siente en las nuevas prioridades. Ya no puedo madrugar como antes. Comprar la comida del gato, agendar la lavandería o simplemente ordenar la casa se han vuelto prioridades del día a día. Para quienes ya no tenemos hijos en casa o llevamos treinta años trabajando en lo mismo, encontrar un rayo de luz en un viaje, en un libro —o en un amante, que sería lo ideal— se vuelve casi una misión. ¿Qué hacemos con ese “tiempo que nos queda”, si tenemos suerte?


Ciclos de lavado.


Tengas 18 o 40, la vida insiste en ponerte retos. Avanzar, aunque sea lento, es válido en una sociedad que parece competir más que vivir. Yo he optado por desconectarme un poco de las redes: hay un abismo entre lo que “debería ser” y lo que realmente somos. No nos dimos cuenta de lo afortunadas que éramos cuando usábamos talla 4; no hicimos videos ni fotos, y ahora no hay prueba de que alguna vez entramos en ese vestido que aún guardamos con la esperanza de bajar unas libras. Pero ya no se trata solo del peso del cuerpo: se trata de bajarle al ritmo de vida, de buscar balance, de permitirnos una pausa.


Un gato durmiendo sobre una sabana blanca


The Sea By Palmazul Hotel

¿Qué pasa cuando te miras al espejo y ves lo que has logrado? Tal vez sonríes, tal vez te preocupes. Algunas ya tienen la vida resuelta; otras aún no saben cómo lograrlo. Existir y tener éxito antes de los 40 ahora parece posible, pero yo vuelvo a preguntarme: ¿dónde está mi fortuna?, ¿qué hice de los 18 a los 25? Era joven, claro. ¿Y de los 25 a los 35? Prueba y error. A esa edad, nuestros abuelos ya lo tenían todo resuelto.


Aquí estoy, parada de cara al 2027, con 45 años, sin esposo y con una hija a punto de irse a la universidad. La incertidumbre me inunda. Ya debería tener libertad financiera. ¿Dónde están mis miles de dólares ahorrados? ¿Cuánto más debo trabajar para sentirme libre y hacer lo que realmente quiero?


vacaciones
vacaciones


Y entonces surge la pregunta: ¿qué es eso que realmente quiero? No lo sé. Quiero tanto y al mismo tiempo no quiero nada. Es el limbo de los 45. Suena loco desear un año sabático a esta edad, solo para existir. Mantener la imagen de mujer incansable empieza a cansarme. Tal vez abandonar un poco las redes y ser, simplemente ser, le haría bien a mi salud y a mi alma.


Aunque Einstein diga que el tiempo es relativo, yo no quiero desperdiciar el mío. Medio año se fue de enero a junio, y en agosto mi hija comenzará su vida universitaria.


Aún siento la responsabilidad de acompañarla, y eso me da cinco años más de seguir en la lucha. Si Dios nos da vida —porque así me criaron— entonces empezaré a vivir la mía a los 50: mudarme a Positano seis meses y trabajar en lo que sea, pero en Positano; volver a Argentina solo para ver un show de tango; quedarme tres meses frente al mar, con agua de coco y los mil libros que aún no termino. Quizá enamorarme tampoco estaría mal.


Vivir en un año lo que no has vivido en toda una vida. A veces siento que es falta de decisión, miedo, apego… ¿a qué, si no hay marido ni hijos en casa? Aquí sigo, no soy millonaria, el tiempo sí existe y la ropa no se lava sola… pero mientras termina el ciclo de lavado voy a leer un libro, porque al final el tiempo solo está en la mente.


Ropa limpia
hogar


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